Diego Barber, el guitarrista lanzaroteño que domina la Gran Manzana

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Érase un hombre a una guitarra pegado. “Desde que cumplí doce años lo único que hacía era tocar la guitarra”. Antes de terminar los estudios de secundaria, a los 16 años, dio el primer salto, seguramente el más difícil, a la capital para cursar el Grado Medio de Conservatorio. Luego vino Salamanca donde finalizó el Grado Superior. Posteriormente un posgrado en Atenas donde pasó dos años aprendiendo del maestro Costas Cotsiolis. Después otro posgrado, esta vez en Salzburgo, en la prestigiosa institución de eneseñanza musical Mozarteum aprendiendo de los maestros Marcos Tamayo y Ricardo Gallen. Ahora ya lleva 13 años desarrollando su carrera en Nueva York. Es el lanzaroteño Diego Barber.

“Diego Barber is a portent of things to come, and the beginnings of a bright career from one who has all the potential to be a truly original voice in modern music”. Michael G. Nastos, Billboard.

Aunque empezó a tocar la guitarra eléctrica, la formación de Barber ha sido eminentemente clásica. “Mi idea al llegar a Estados Unidos era seguir estudiando en la Escuela Julliard pero nada más aterrizar grabé un disco y a partir de aquí fue todo sueño americano”, explica Diego dando a entender con su voz que para mantener el sueño americano hay que mantenerse despierto y trabajar duro día a día pateándose las avenidas de la Gran Manzana.

En la historia de las grandes carreras el foco siempre ilumina a algún punto que sirve de marcador del devenir artístico. “Cuando me fui a Nueva York no tenía la idea de grabar un disco, pero es una ciudad muy inspiradora en la que se aprende aunque no quieras”. Barber explica que cuando piensa en ese primer disco (‘Calima’, 2009) lo ve como “algo inconsciente y con mucha intuición”. De su bolsillo pagó 500 copias de las cuáles separó una veintena para moverlo por las discográficas más importantes del jazz mundial. “Iba con mi CD en la mano por las discográficas, parecía algo de película”.

“Hay que tener suerte”

Lo de que en la vida no solo importa lo bueno que seas sino que hay que tener suerte, todos lo vamos aprendiendo con la edad. La compañía que acabó por contratar a Diego le dijo que no en un primer momento. “Esta anécdota se la cuento a muchas personas para animarles: Sunnyside Records me devolvió el CD que les había enviado con el plástico puesto y una carta que decía que la política de la empresa había cambiado y que ya no funcionaban recibiendo discos. ¿Cómo puede ser? Quítale el plástico y dime que no, pero así no… Volví a meterme en la página y vi una dirección de correo de esas a las que escribes cuando hay algún problema con la web. Escribí y al otro lado estaba un tal Brett, que ahora es amigo mío, que me dijo mándamelo de nuevo. Se lo mandé y lo escuchó”. Diego acabó publicando el disco con Sunnyside Records, “una superdiscográfica, empecé a salir en las mejores listas y a partir de ahí fue todo mucho más fácil”.

“Barber’s playing is beautiful, his fingers fly lightly over the fretboard”.​ Down Beat Magazine.

Las críticas encumbran una carrera o pueden llegar a hundirla. “Cuando leo buenas críticas lo primero que pienso es en estudiar para que esto siga hacia arriba. Muchos músicos tienen mucha intuición, pero la intuición viene y se ve. Para mí, venir del clásico y hacer tanto ruido con el primer disco fue increíble”. Diego se ve como un igual con el resto de músicos de la escena jazzística de Nueva York, “me veo más fuerte en unas cosas y más débil en otras”. Sin embargo,  aún se pone nervioso antes de los conciertos, “incluso me pongo a estudiar porque hay músicos a los que admiro muchísimo”. En la profesión de músico el vértigo no es buen acompañante. “Yo intento aprender de todos los que me rodeo: irme de gira con los músicos con los músicos con los que actué en Lanzarote (Fabián Almazán, Linda May Oh y Akior García ) es como estudiar cuatro años en el Mozarteum”.

Del clásico al jazz

Si de algo sabe Diego es de estudiar. “He estudiado mucho durante toda mi vida, muchas pruebas de acceso, concursos, hasta herpes generados por los nervios… El mundo clásico es muy competitivo. En Nueva York he tenido momentos duros, pero mis peores momento fueron en el clásico”.

“¿Quién te gusta más?”, esa es la pregunta que plantea cuando nos acercamos a los músicos de jazz. “En el clásico no dejamos de ser intérpretes tocando delante de un jurado las mismas notas por lo que la comparación es mucho más fácil”. Aunque ni que decir tiene que la competencia en el circuito de Nueva York es brutal. “Al final todo se reduce a ocho clubs y cuatro discográficas. Nueva York es muy dura, tiene muchas contradicciones: esta lo mejor y está lo peor; hay mucho nivel y un nivel bajísimo; es muy auténtica y es la más falsa“. Diego tiene claro que en muchos casos “la ciudad te escupe”, pero tocar en Nueva York, aunque sea gratis, es lo que te abre la puerta del resto de plazas del mundo.

Ese paso desde el clasicismo de su formación a la libertad que da la improvisación del jazz Diego la define como “como el agua de una maceta, que se va filtrando y no te das cuenta hasta que ya está el suelo mojado”. Siempre le gustó el jazz, pero no comenzó a tocar la guitarra clásica hasta los 17 años “cuando alguno de mis amigos ya ganaban concursos internacionales”. Hasta esa edad Diego tocaba la guitarra eléctrica. “Yo ahora con la eléctrica en Nueva York sería uno más entre millones, mi gran paso fue usar la guitarra clásica en el contexto jazzero”.

La escena neoyorquina no arroja muchos guitarrista dentro del Jazz, el folclore estadounidense como lo define Diego. Podemos hablar de John McLaughlin, “pero la toca con púa, que es otra cosa diferente”. O podemos hablar de la guitarra acústica de Andy Meola o Ralph Towner. “Para el americano, la guitarra española es el flamenco de Paco de Lucía. Mi gran fuerte fue introducirla en el jazz, esto les despertó gran interés”.

En ese navegar entre dos aguas, entre el Mar Clásico y el Océano Jazz, nació su disco ‘Tales’ (2014), “el que me dio un nombre en la escena de Nueva York y del que muchos allí piensan que es clásico, pero mis amigos de Europa piensan que es jazzero”.

“..known for the grandeur and majesty of his playing. Diego Barber’s impressive dynamics and exquisiteness of expression are deeply rooted in extraordinary technique”. All About Jazz.

El jazz es un estilo musical, casi como la ópera, que requiere del escuchante una esfuerzo previo de aprendizaje. “Yo recuerdo que con 20 años me gasté 120 euros en la colección de John Coltrane y pensé que había tirado el dinero a la basura. Solo algunos años después ya había cambiado de opinión”.

Ese aprendizaje lleva a Diego a pensar siempre en un imposible. “Mataría por escuchar mis discos como si no fueran míos para poder escucharlos de manera más limpia” ya que “un disco es como un hijo: por muy feo que sea siempre lo vas a ver guapo.

El futuro

Está preparando dos nuevos discos. Uno de electrónica experimental, “donde casi no toco la guitarra” en el que cuenta con el pianista Craig Taborn y también con la voz del cantante Theo Bleckmann, “el nuevo Bobby McFerrin”. Y a finales de junio, pasará varios días, también junto a Theo Bleckmann, grabando en una iglesia de Ávila 20 sonatas de Domenico Scarlatti. “Este será un disco muy bonito porque a pesar de todo aún no he grabado un disco clásico”. Aún espera al salto a Asia, al que se ha quedado “a un mail”. Tiene muchas ganas de tocar allí pues sus discos prácticamente venden más en Asia que en Estados Unidos.

El proyecto vital puede que le redirija a Europa en un futuro no muy lejano debido a una de sus pasiones fuera de la música: las ultramarotones. En los últimos meses ha hecho las 100 millas en 36 horas y hace un mes corrió 100 kilómetros en California en 14 horas. Diego explica que le “ayuda muchísimo porque voy todo el rato con la música en la cabeza”. Por esta razón quiere mudarse a un lugar con montañas donde tener un buen estudio en el que disponer de todo lo necesario para componer y dedicarse a correr, a componer y a dar conciertos. “Eso sí, el lugar tiene que tener buenos aeropuertos cercanos porque en Nueva York hay que estar siempre, al menos una vez al mes tengo que tocar o grabar”.

Como curiosidad el tema de 27 minutos que abre su disco ‘Tales’ se llama ‘Killian’s Mountains’ y está dedicado a Killian Jornet, el gran corredor de fondo en montaña con el que tras la publicación del tema ha entablado buena amistad.

Escenario Manrique

El mismo día del concierto en la Playa de El Reducto, el Diego Barber Quartet ensayó en las instalaciones de la Escuela de Música de Toñín Corujo. “¿Qué sería de la música de Lanzarote sin Toñín Corujo?. Lo quiero mucho, a mí me enderezó en esa edad difícil en la que haces el tonto”.

“Me hizo muchísima ilusión tocar en Lanzarote para poder estar en el concierto con mis padres, mis suegros, mis amigos, mis profesores… y que me puedan ver tocando en la isla junto a los músicos de la talla de los que me acompañaron”.

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