El acueducto de Nazaret y la dura historia del agua de Lanzarote

 En Canarias, Noticias

Fotos: Irene González

No hay información exacta de cuanto tiempo puede vivir un ser humano sin beber agua, sin embargo, sí parece claro que ese tiempo es mucho menor que el que podemos soportar sin ingerir alimentos. Para sobrevivir, los habitantes de Lanzarote han tenido que ingeniárselas de mil y una maneras. Una de ellas dio como resultado el único acueducto de Lanzarote, situado en la llamada Vega de Tahiche, en la trasera de la Montaña de Ubigue en el pueblo de Nazaret.

Para cualquier ecosistema terrestre, el agua es un recurso fundamental generador de vida. Para poder cumplir con su función en el ser humano, nos debe ser accesible el tiempo suficiente para poder culminar nuestros ciclos biológicos. Esta es la razón por la que la mayoría de ciudades y pueblos del planeta se han asentado a la vera de ríos o depósitos naturales de agua que les pudieran abastecer durante largo tiempo.

Lanzarote se conforma como un territorio árido que presenta la característica de que la
mayor parte del agua aportada por la lluvia retorna de nuevo a la atmósfera por evaporación y sólo un porcentaje pequeño contribuye a formar escorrentía o se infiltra. El terrero de la isla es para el agua como el papel de lija para los dedos: áspero.

La mayor parte del agua que cae al suelo en Lanzarote procede de la lluvia y sólo una pequeña parte de la captación de nieblas y de la condensación de la humedad ambiental. Teniendo en cuenta que, además, la lluvia media anual de la isla no alcanza los 150 mm, y que en las zonas costeras de Arrecife, La Santa o Pechiguera no llega a los 100 mm, los lanzaroteños tuvieron que agudizar el ingenio y hacer uso de la ingeniera para poder abastecer la capital de la isla, al menos, de agua.

En Lanzarote, y dentro del panorama de lluvias escasas e impredecibles, el sector más lluvioso se encuentra en las zonas elevadas del Macizo de Famara donde la recolección de agua supera los 200 mm anuales. Además, en esa misma zona surge naturalmente el aporte de agua al suelo por fenómenos de captación de nieblas que se presenta, especialmente durante los meses de verano, en las partes más elevadas del Macizo de Famara.

El acueducto de Nazaret

En ingeniería moderna, el término acueducto se usa para cualquier sistema de tuberías, zanjas, canales, túneles y otras estructuras utilizadas para este propósito. El término acueducto también a menudo se refiere específicamente a un puente en un curso de agua artificial.

Fue en el año 1946 cuando se dio la aprobación para la perforación de la galerías de agua situadas en el Macizo de Famara para su posterior canalización hasta Arrecife, desde donde se repartiría el agua a varios puntos de la ciudad.

Parte de la canalización que transportaba el agua a Arrecife

 

Se tardó siete años en construir el conducto que transportaría agua desde el norte a la capital. El proyecto culminó en el año 1953 constituyéndose en un hito histórico para la isla: Era la primera vez que una localidad de la isla tuvo canalización de agua.

El recorrido del agua hasta Arrecife finalizada en las Maretas del Estado donde se depositaba para su posterior uso. Desde ese lugar se distribuía hacia el otro depósito situado en el Muelle Grande; y también al centro de Arrecife. Había dos lugares de la capital que recibían agua directamente. Uno era el Hospital Insular, mejorando así la calidad del tratamiento de los ingresados; el otro el Parador Nacional gracias a un convenio con la Dirección General de Turismo.

A pesar de que la obra de ingeniería (donde el Acueducto de Nazaret se había erigido como símbolo improvisado del progreso de la isla) había facilitado el acceso al agua a la principal población de la isla, el acceso a la misma para muchos de los lanzaroteños seguía siendo sinónimo de arduo trabajo. Aún a mitad de siglo, cada mañana, medio centenar de camellas y burros cargaban en sus lomos agua potable que transportarían al resto de pagos de Lanzarote.

Las mujeres con sus niños, personas jóvenes y los mayores de los hogares se desplazaban también al Macizo de Famara para rellenar sus garrafas. El esfuerzo era desproporcionado, pero esos cinco litros de agua recogidos día tras día, semana a semana, mes a mes y año a años tuvieron como resultado que Lanzarote se desarrollase de tal manera que el Acueducto de Nazaret sea solo un vestigio de la penuria de nuestros antepasados que no se debe olvidar porque la cultura de la agua de la isla ha conformado la personalidad colectiva de Lanzarote.

 

 

 

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